jueves, 2 de junio de 2011

Parábola del sembrador

Había decidido no tocar temas religiosos es este blog. He tenido la experiencia de que la transmisión de ideas, y especialmente en el caso de discusión acerca de valores, se perdía al hacer referencia acerca de
creencias religiosas.
Muchas personas creen que podría estar aprovechando la idea de promoción de valores con fines "fanáticos" de tipo religioso. Aunque debemos aceptar que una de las formas más tradicionales, y en opinión la más efectiva de siembra de valores y ética, es a través de la introducción de creencias religiosas.
Pero... como católico (no sé si "buen" católico) he sentido últimamente la necesidad de contribuir a la difusión del mensaje de Dios. He estado leyendo, averiguando sobre algunos eventos sin explicación lógica (mensaje de Nuestra Madre en Medjugorje) y en estos menesteres recordé/recuperé una parábola (esas historias que usaba Nuestro Señor para invitarnos a creer) que me pareció totalmente contundente (creo que es la más clara y representativa de todas las parábolas).
Permítanme mostrárselas y espero que tenga sobre cada uno, el efecto que tuvo sobre mí al leerla. Para
aquellos que no son creyentes, sepan disculparme, pero si se toman solo un pequeño tiempo en revisarla me resultará suficiente.

"Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a Él tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga
Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

Con el oído oiréis, pero no entenderéis,
con la vista miraréis, pero no veréis.
Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos,
y han cerrado sus ojos;
no sea que vean con los ojos,
y oigan con los oídos,
y entiendan con el corazón y se conviertan,
y yo los sane.
Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.


Escuchad, pues, la parábola del sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta"
Marcos 4:3-9

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