lunes, 2 de julio de 2012

De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús. De José Rafael Pocaterra

I
A tí que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de excelente vino y una taza de café y un hermoso “Hoyo de Monterrey”, regalo especial de tu excelente vicio; a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almacén y en la vida, te dedico este cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefuá, granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Niño Dios invitó a cenar.
II
Como una flor de callejón, por gracia de Dios no fue palúdico, ni zambo, ni triste; abrióse a correr un buen día calle abajo, calle arriba, con una desvergüenza fuerte de nueve años, un fajo de billetes aceitosos y paltó de casimir indefinible que le daba por las corvas y que era su magnífico macferland de profundos bolsillos profundos, con bolsillito un pequeño para los cigarrillos, que era su orgullo, y que le abrigaba en las noches del enero frío y en los días de lluvia hasta cerca de la madrugada, cuando los puestos de los tostaderos son como faros bienhechores en el mar de niebla, de frío y de hambre que rodea por todas partes en la soledad de las calles, al pobre hamponcillo caraqueño. Hasta cerca de media noche, después de hacer por la mañana la correría de San Jacinto y del Pasaje y el lance de doce a una en las puertas de los hoteles, frente a los teatros o por el boulevard del Capitolio, gritaba chillón, desvergonzado, optimista:
-Aquí lo cargooo…El tres mil seiscientos setenta y cuatro, el que no falla nunca ni fallando, ¡archipetaquiremandefuá…!
El día bueno, de tres mil billetes y décimos, Panchito se daba una hartada de frutas; pero cuando sonaban las doce y sólo- después de soportar empellones, palabras soeces, agrios rechazos de hombres fornidos que toman ron- contaban en la mugre del bolsillo catorce o dieciséis centavos por pedacitos vendidos, Panchito metíase a socialista, le ponía letra escandalosa a “La maquinita” y aprovechaba el ruido de una carreta o el estruendo de un auto para gritar obscenidades graciosísimas contra los transeúntes o el carruaje del General Matos o de cualquiera de esos potentados que invaden la calle con un automóvil enorme entre una alarido de cornetas y una hediondez de gasolina…; y terminaba desahogándose con un tremendo “Mandefuá” donde el muy granuja encerraba como en una fórmula anarquista todas sus protestas al ver, como él decía, las caraotas en aeroplano.
Quiso vender periódicos, pero no resultaba; los encargados le quitaron la venta: le ponía el “mandefuá” a las más graves noticias de la guerra, a las necrologías, a los pesares públicos:
-Mira hijito- le dijeron- mejor es que no saques el periódico, tú eres muy “Mandefuá”.
III
Tuvo, pues, Panchito su hermoso apellido Mandefuá, obra de él mismo, cosa esta última que desdichadamente no todos son capaces de obtener, y él llevaba aquel Mandefuá con tanto orgullo como Felipe, Duque de Orleans, usaba el apelativo de Igualdad en los días un poco turbios de la Convención, cuando el exceso de apellidos podía traer consecuencias desagradables.
Pero Panchito era menos ambicioso que el Duque y bastábale su “medio real podrido”- como gritaba desdeñosamente tirándoles a los demás de la blusa o pellizcándoles los fondillos en las gazaperas del Metropolitano.
-Una grada para muchacho, bien ¡Mandefuá!
De sus placeres más refinados era el irse a la una del día, rasero con la estrecha sombra de las fachadas, y situarse perfectamente bajo la oreja de un transeúnte gordo, acompasado, pacífico; uno de esos directores de ministerio que llevan muchos paqueticos, un aguacate y que bajan a almorzar en el sopor bovino del aperitivo:
- El mil setecientos cuarenta y siete ¡mandefuá!
- Granuja ¡atrevido!
Y Panchito, escapando por la próxima bocacalle, impertérrito:
-Ese es premiado, ¡no se caliente mayoral!
El título de Mayoral lo empleaba ora en estilo epigramático, ora en estilo
Elevado, ora como honrosa designación para los doctores y generales del interior a quienes les metía su numeroso archipetaquiremandefuá.
Y con su vocablo favorito, que era panegírico, ironía, apelativo –todo a su tiempo-, una locha de frito y un centavo de cigarros de a puño comprado en los kioscos del mercado, Panchito iba a terminar la velada en el Metro con “Los misterios de Nueva York”, chillando como un condenado cuando la banda apresaba a Gamesson advirtiéndole a un descuidado personaje que por detrás le estaba apuntando un apache con una pistola o que el leal perro del comandante Patouche tenía el documento escondido en el collar. Indudablemente era una autoridad en materia de cinematógrafo y tenía orgullo de expresarlo entre sus compañeros, los otros granujas:
-Mira, vale, para que a mí me guste una película tiene que ser muy crema.
IV
Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número “premiado” como si lo estuviese viendo en la bolita… Detúvose en una rueda de chicos después de haber tirado de la pata a un oso de dril que estaba en una tienda del pasaje y contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, algunos diávolos, un automóvil y un velocípedo de “ir parado”… Y, de paso rayó con el dedo y se lo chupó, un cristal de la India a través del cual se exhibían pirámides de bombones, pastelillos y unos higos abrillantados como unas estrellas.
En medio del corro malvado, vio una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada por la acera una bandeja de dulces; y como moscas, cinco o seis granujas, se habían lanzado a la provocación de los ponqués y de los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, temiendo el castigo.
Panchito estaba de humor; cinco números enteros y seis décimos ¡ochenta y seis centavos! La sola tarde después de haber comido y “chuchado”… Poderoso. Iría al Circo que daba un estreno, comería hallacas y podría fumarse hasta una cajetilla. Todavía le quedaban dos bolívares con que irse por ahí, del Maderero abajo para él sabía qué… ¡Una noche buena crema!
Seguía llorando la chiquilla y seguían los granujas mojando en el suelo y chupándose los dedos…
Llegó un agente. Todos corrieron, menos ellos dos.
-¿Qué fue? ¿Qué pasó?
Y ella sollozando:
Que yo levaba para la casa donde sirvo esta bandeja, que hay cena para esta noche y me tropecé y se me cayó y me van a echar látigo…
Todo esto rompiendo a sollozar.
Algunos transeúntes detenidos encogiéronse de hombros y continuaron.
-Sigan, pues- les ordenó el gendarme.
Panchito siguió detrás de loa llorosa.
-Oye, ¿cómo te llamas tú?
La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.
-¿Yo? Margarita
-¿Y ese dulce era de tu mamá?
-Yo no tengo mamá.
-¿Y papá?
-Tampoco
-¿Con quién vives tú?
-Vivía con una tía que me “concertó” en la casa en que estoy.
-¿Te pagan?
-¿Me pagan qué?
Panchito sonrío con ironía, con superioridad:
-Guá, tu trabajo: al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?
Margarita entonces protestó vivamente:
-Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.
-¿Qué te enseña?
-A leer… Yo sé leer, ¿tú no sabes?
Y Panchito, embustero y grave:
-¡Puah! Como un clavo… Y sé vender billetes, y gano para ir al cine y comer frutas y fumar de a caja…
-Dicho y hecho, encendió un cigarrillo… Luego, sosegado:
-¿Y ahora qué dices allá?
-Diga lo que diga, me pegan…- repuso con tristeza, bajando la cabecita enmarañada.
-¿Y cuánto botaste?
-Seis y cuartillo, aquí está lista- y le alargó un papelito sucio.
-¡Espérate, espérate!- le quitó la bandeja y echó a correr.
Un cuarto de hora después volvió:
-Mira, eso era lo que se te cayó, ¿nojerdá?
Feliz, sus ojillos brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia.
-Sí… eso.
Fue a tomarla, pero él la detuvo:
- ¡No, yo tengo más fuerza, yo te la llevo!
-Es que es lejos- expuso tímida.
-¡No importa!
Por el camino él le contó, también que no tenía familia, que las mejores películas eran en las que trabajaba Gamesson y que podían comerse un gofio…
-Yo tengo plata, ¿sabes?- y sacudió el bolsillo de su chaquetón tintineante de centavos.
Y los dos granujas echaron a andar.
Los hociquillos llenos de borona, seguían charlando de todo. Apenas si se dieron que llegaban.
-Aquí es… dame.
Y le entregó la bandeja.
Quedarónse viendo ambos los ojos:
-¿Cómo te pago yo?- le preguntó con tristeza tímida.
Panchito se puso colorado y balbuceó:
-Si me das un beso.
-¡No, no! ¡Es malo!
-¿Por qué…?
-Guá, porque sí…
Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un para de besos llenos de gofio y de travesura.
-Grito…, que grito…
Estaba como una amapola y por poco tira otra vez la dichos dulcera.
-Ya está, pues, ya está.
De repente se abrió en ante portón. Un rostro de garduña, de solterona fea y vieja apareció:
¡Muy bonito el par de vagabunditos estos!- gritó.
El chico echó a correr. Le pareció escuchar a la vieja mientras metía dentro a la chica de un empellón.
-Pero, Dios mío, ¡qué criaturas tan corrompidas éstas desde que no tienen edad! ¡Qué horror!
V
¡Era un botarate! No le quedaban sino veintiséis centavos, día de Noche Buena… Quien lo mandaba a estar protegiendo a nadie…
Y sentía en su desconsuelo de chiquillo una especie de loca alegría interior… No olvidaba en medio de su desastre financiero, los dos ojos, mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta “archipetaquiremandefuá…
A las once salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas de “a medio”, un guarapo, café con leche, tostadas de chicharrón y dos “pavos rellenos” de postre. ¡Su cena famosa! Cuando cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y Panchito Mandefuá apenas quedó, contra la acera de la calzada, entre los rieles del eléctrico, un harapo sangriento, un cuerpecito destrozado, cubierto con un paltó de hombre, arrollado, desgarrado, lleno de tierra y de sangre..
Se arremolinó la gente, los gendarmes abriéndose paso…
-¿Qué es? ¿Qué sucede allí?
-¡Nada hombre! Que un auto mató a un muchacho “DE LA CALLE”
-¿Quién…? ¿Cómo se llama…?
-¡No sé sabe! Un muchacho billetero, un granuja de esos que están bailándole a uno delante de los parafangos…- informó, indignado, el dueño del auto que guiaba un “trueno”.
VII
Y así fue a cenar en el Cielo, invitado por el Niño Jesús esa Noche Buena, Panchito Mandefuá….

miércoles, 20 de junio de 2012

Athenry

By a lonely prison wall,
I heard a young girl calling
Michael, they are taking you away,
For you stole Trevelyan's corn,
So the young might see the morn.
Now a prison ship lies waiting in the bay.

Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly
Our love was on the wing, we had dreams and songs to sing
It's so lonely 'round the fields of Athenry.

By a lonely prison wall,
I heard a young man calling
Nothing matters, Mary, when you're free
Against the famine and the Crown,
I rebelled, they cut me down.
Now you must raise our child with dignity.

Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly
Our love was on the wing, we had dreams and songs to sing
It's so lonely 'round the fields of Athenry.

By a lonely harbor wall,
she watched the last star falling
As that prison ship sailed out against the sky
Sure she'll wait and hope and pray,
for her love in Botany Bay
It's so lonely 'round the fields of Athenry.

It's so lonely 'round the fields of Athenry.

Low lie the fields of Athenry
Where once we watched the small free birds fly
Our love was on the wing, we had dreams and songs to sing
It's so lonely 'round the fields of Athenry.

http://www.youtube.com/watch?v=NLZRWNdGCUc

jueves, 3 de mayo de 2012

Un cambio de actitud mejora la vida

Este es el título de un artículo de un periódico local cuya opinión quiero dejarles.

"Suiza, sin océano, tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo.
La diferencia entre los países pobres y ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran los casos de países como India y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son pobres.
En cambio, Asutralia y Nueva Zelanda, que hace poco más de de 150 años eran casi desconocidos son hoy países desarrollados y ricos.
La diferencia entre los países pobre y ricos tampoco son los recursos naturales con que cuentan, como es el caso de Japón que tiene un territorio muy pequeño y 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería; sin embargo, es la segunda potencia mundial, pues su territorio es como una inmensa fábrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados, también a todo el mundo, logrando su riqueza.
Por otro lado, tenemos a Suiza sin océano, pero tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo; no tiene cacao, pero sí el mejor chocolate del mundo; en sus pocos kilómetros cuadrados pastorea y cultiva solo cuatro meses al año ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. Al igual que Jápón no tiene recursos naturales, pero da y exporta servicios, con calidad muy difícilmente superable, es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo, que lo han convertio en la caja fuerte del mundo.

La actitud de las personas es la diferencia. Al estudiar la conducta de la gente en los países ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue las reglas y acuérdense que el orden podría ser discutido sanamente:
La moral como principio básico; el orden y la limpieza; la horandez; la puntualidad; el deseo de superación; el respeto a la ley y a los reglamentos; el respeto a los demás; su amor al trabajo; su afán por el ahorro y la inversión"
Diario 2001. Sábado 28 de abril de 2012

domingo, 29 de abril de 2012

¿Nuevas fuerzas de ocupación?

Es interesante como a lo largo de la historia, el hombre se ha mantenido en constante lucha para dignificarse y luchar por sus derechos ¡contra el hombre mismo!
Siempre surgen personajes y héroes históricos que han clamado por libertad, igualdad, además de otros muchos “derechos”, pero increíblemente siempre es contra otro par, semejante, homo sapiens; contra otro ser de carne y hueso.
Podríamos dar un fugaz repaso a la historia y comprobaríamos que egipcios y griegos que mantenían como “normales” prácticas esclavizantes, pasando por romanos, pasando por la edad media donde la tierra era un recurso que reclamaban los más pobres, sin contar con procesos colonizadores, o esas etapa en que la iglesia católica en cierta forma gobernaba el mundo occidental. Incluso invasiones árabes que conquistaron por buen tiempo, buena parte de Europa (y viceversa) podrían incluirse.
Sería aún más fácil hablar de recientes casos, o de historia contemporánea: Apartheid, Gandhi, Luther King, dos grandes guerras, etc.
Aunque tendría que profundizar un poco más en cada caso, creo que es evidente existe una lucha del hombre contra el hombre perenne. Y en cada caso la lucha es dispareja, tanto en número como en medios y poder.
En lo que podría llamarse “el 20-80”, siempre conseguimos una gran masa de personas (el 80%) que en cada caso se encuentra oprimida por otra masa menor de personas (el 20%) que mantienen de alguna forma el poder (agua, tierras, avances tecnológicos, control de créditos, etc).
Ese 80% cada cierto tiempo explota después de años de presión, alimentados por la esperanza de un mundo mejor para sus hijos, pero después cada explosión surge otro 20% con un nuevo medio de control.
Podríamos decir que este constante juego existe un proceso darwiniano de adaptación de un lado por control y poder, y por el otro lado de superación y reivindicación.

Actualmente existen, por supuesto, varios 20-80 en curso: primavera árabe, emergentes contra desarrollados, corporaciones contra el mundo, y 20-80 internamente en muchos países. Pero uno en especial se está desarrollando y de manera muy poco tangible y en el que la mayoría de su 80 no ha logrado percibir de manera real: calentamiento global.

A diferencia de los casos anteriores, en éste no se puede determinar con precisión un 20: serán las corporaciones que explotan los recursos, serán las juntas directivas de esas corporaciones, serán las miles de personas que invierten en esas corporaciones, serán los fondos de pensiones que manejan las inversiones que esas personas hacen sobre esas corporaciones, serán los millones de personas que consumen lo que esas corporaciones producen o será la inmensa mayoría de personas que dicen que no pueden hacer nada y encogen sus hombros al opinar sobre el tema.

Lo cierto es que muchas corporaciones que siguen explotando los recursos de nuestro planeta, ni desarrollan nuevas formas de energía menos contaminantes, ni cambian el modelo que evidentemente no funciona para todos en largo plazo (solo para ellas en el corto plazo) ni se ha conseguido un 80 que “explote” y pida un cambio (aunque últimamente se han sumado grandes esfuerzos)

¿Por qué podría llamar más la atención este proceso que cualquier otro? Porque este 20-80 nos llevará a nuestra propia destrucción, porque cambiará el único sitio que tenemos como hogar, y porque en este caso somos sumamente dependientes.

En estos días escuché un programa de TV en los que algunos jóvenes que dedican sus vidas a combatir estas grandes corporaciones y la forma como logran sus negocios, utilizaban la frase: estamos ante la presencia de nuevas formas de ocupación.
En primera instancia me impactó el símil, pero si se analiza resulta no ser descabellado.
No era legal el Apartheid, no era legal la exterminación de judíos, no era (y aún lo es en algunos sitios) legal la esclavitud, no fue legal la toma de tierras durante la colonización, no era legal el invadir tierras, violar mujeres y quemarlo todo. Pues ahora estamos ante un ente que como se mencionó antes, no es del todo tangible, pero que consigue permisos para explotar y contaminar cualquier rincón del planeta sin importar consecuencias.

Creo que este podría ser el argumento que ayude a sacudir conciencias, y hacer “explotar” en 80 que no despierta contra una nueva forma de ocupación que nos traerá el peor de los futuros para todos.

Existen proyectos impresionantes de explotación en Canadá que involucran procesos no convencionales en los se debe sacar petróleo de una mezcla que incluye arenas, y los que se debe literalmente “hervir” la tierra dejándola inservible por muchos años, y en el medio existen reservas y comunidades nativas a las que no se les preguntó nada.
Una de las nativas decía durante una entrevista (en medio de una emboscada que hacían a parte de la maquinaria que se usaría para este proyecto): “…la tierra es nuestra Madre, nosotros consideramos la tierra nuestra Madre. ¿Cómo se sentiría usted si violaran a su madre?...”

lunes, 16 de abril de 2012

Lucas 11

...
Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Al terminar
su oración, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, ensé-
ñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". Les
dijo: "Cuando recen, digan:

    Padre, santificado sea tu Nombre
    venga tu reino
    Danos cada día el pan que nos corresponde.
    Perdónanos nuestros pecados,
    porque también nosotros perdonamos
    a todo el que nos debe.
    Y no nos dejes caer en la tentación."

Les dijo también: <Supongan que uno de ustedes tiene
un amigo y va a medianoche a su casa a decirle: "Ami-
go, préstame tres  panes, porque  un amigo mío ha lle-
gado de viaje y no tengo nada que ofrecerle".  Y el o-
tro le responde a usted desde adentro: "No me moles-
tes; la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos ya
acostados; no puedo levantarme a dártelos."    Yo les
digo:   aunque  el   hombre  no se levante para dárselo
porque usted es amigo suyo,  si usted  se pone pesado,
al final le dará todo lo que necesita.

Pues bien,  yo les digo:  Pidan y se les dará, busquen y
hallarán, llamen a la puerta y le abrirán. Porque todo el
que pide recibe, el  que busca halla y  al que llame a la
puerta se le abrirá>
...